SUDAN - DARFUR
TRIBUNA DEL SECRETARIO DE ESTADO
DE ASUNTOS EXTERIORES,
RENAUD MUSELIER,
EN EL SEMANAL PARIS-MATCH

(1/7/2004)

 

La situación que observé durante mi misión en el Darfur los días 21 y 22 de junio es conmovedora, hasta el punto de que no se puede expresar con palabras: desde que los dos movimientos de rebelión, el Movimiento de Liberación del Darfur (MLS) y el Movimiento por la Justicia y la Igualdad (MJE), comenzaron, hace cerca de un año, a combatir al ejército regular y a las milicias progubernamentales, han muerto más de 10.000 personas y se han producido desplazamientos masivos de población que afectan a más de un millón de civiles. Espantados de sus tierras y de sus pueblos por los ataques de las milicias Janjawid, los civiles se apiñan en campos de refugiados y sobreviven gracias a la acción de las organizaciones internacionales y de algunas ONGs –especialmente francesas, como MSF y Triangle-, cuyos voluntarios llevan a cabo una labor excepcional. Quiero saludar el valor y la determinación de esos hombres y mujeres, siempre presentes en el frente de la desesperanza.

Más allá de El Geneina, capital del Darfur occidental, atravesé pueblos quemados y saqueados para llegar al campo situado a los pies del Djebel Mornay, que acoge a más de 70.000 desplazados. Contemplé las duras imágenes de esos niños y mujeres que han presenciado el horror de las exacciones, los asesinatos y las violaciones.

Se palpa la desesperación y el miedo a no poder regresar algún día a su pueblo. La inseguridad se siente en cualquier lugar fuera del campo. Pero los niños corren, gritan y juegan. La vida está presente. ¿Qué será de ellos dentro de unas semanas cuando llegue la estación lluviosa?

Y no pude evitar ver el campo de Riad, muy cerca de El Geneina, con la mirada del médico de urgencias que todavía soy. En ese campo se apiñan más de 7.000 personas en cabañas de ramaje, sin instalaciones sanitarias, con solo dos puntos de agua. No me atrevo a imaginar los estragos que causaría una epidemia de cólera en los diecisiete campos de desplazados del Darfur, que acogen a más de un millón de personas. Las agencias de la ONU y las ONGs humanitarias han hecho bien en dar la voz de alarma.

¿Qué se puede hacer? En el futuro más inmediato, hay que paliar las necesidades alimentarias y médicas básicas de las poblaciones desplazadas. Francia no se está quedando a la zaga: tanto a través de la Unión Europea como en nuestras acciones bilaterales, hemos financiado 10 millones de euros de ayuda alimentaria y humanitaria. Pero creo que esta ayuda no es el comienzo y el fin de nuestra respuesta que, antes de nada, debe ser política. En acuerdo con el presidente de la República y Michel Barnier, ministro de Asuntos Exteriores, he dicho a las autoridades sudanesas que deben hacer todo lo posible por desarmar a las milicias, detener a los culpables de exacciones, permitir la libre circulación del personal humanitario y, por último, preparar el regreso de los desplazados y de los refugiados a sus pueblos.

Creo que mi mensaje ha sido escuchado y la voz de la verdad, que también emplean nuestros socios europeos y estadounidenses, empieza a dar sus frutos. Ya era hora. Todos sabemos lo que sucede en el Darfur. Tenemos la obligación de protegerlo y el deber de actuar./.