Debate Abierto: LA CUESTIÓN SOBRE HAITÍ
Intervención del Excelentísimo Señor Embajador Celso Amorim,
Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil
Consejo de Seguridad, Nueva York, 12 de Enero de 2005

         Señor Presidente,

         Quisiera, antes de nada, felicitarle a Usted, mi amigo Rafael Bielsa, por la brillante conducción de los trabajos y, en especial, por la iniciativa de convocar esta reunión pública sobre Haití. Permítame también señalar la cooperación ejemplar entre nuestras delegaciones en el Consejo de Seguridad con la experiencia inédita de la participación de un diplomático argentino en la delegación brasileña, experiencia sin precedentes en el Consejo y testimonio del grado de confianza entre nuestros pueblos y gobiernos.

           Agradezco también al Señor Representante Especial del Secretario-General para Haití, Embajador Juan Gabriel Valdés, por la rica y detallada información con que nos brindó sobre la situación en el país caribeño.  Quisiera aprovechar esta oportunidad para reiterar al Embajador Valdés nuestro grato reconocimiento por su empeño y dedicación al frente de las labores de la MINUSTAH.   Su informe nos alienta a continuar en nuestros esfuerzos.

        Señor Presidente,

                 La independencia de Haití, la primera en América Latina, demostró la fuerza y el valor de los millones de africanos que habían sido trasladados a las Américas como esclavos. Desde entonces, por varias razones que recién comenzamos a tratar, la esperanza que representaba Haití no se ha realizado. Al contrario, el país ha sido por veces tratado con arrogancia o negligencia.

           Nosotros – las Naciones Unidas, los países de América Latina y del Caribe, y los propios Haitíanos - tenemos el deber de contribuir a la realización de dicha esperanza.

                   Muchas veces he repetido que el éxito de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití se basa en tres pilares interdependientes e igualmente importantes: el mantenimiento del orden y la seguridad; el aliento al diálogo político con miras a la reconciliación nacional; y la promoción  del desarrollo económico y social.

           No se trata de tres “pasos” distintos u  sequenciales. La atención simultánea a los tres pilares es condición indispensable a la reconstrucción de Haití.

           Los ingredientes más importantes para la paz en Haití, como en cualquier otro país, son la esperanza,  la confianza y la legitimidad. Una de las prioridades en Haití es el desarme. Pero buscamos a la vez el desarme de los espíritus, lo que impone el diálogo político. La estabilidad en Haití no se podrá alcanzar a través sólo de la represión.

           Los desafios que enfrentamos en Haití son extremamente complejos. La responsabilidad crucial del gobierno es crear las condiciones básicas, con la ayuda de la MINUSTAH, para el logro de los tres pilares. Saludamos la liberación de tres políticos de la Fanmi Lavalas como un paso fundamental hacia el involucramiento de todos los Haitíanos en el esfuerzo de reconstrucción nacional. Es necesario perceberar en ese camino.

           Alentamos a todos los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y los grupos de intereses en Haití a sumarse al dialogo politico lanzado por el Presidente Boniface Alexandre. Las autoridades, por su vez, deben asegurar condiciones que permitan a todos participar del debate político y electoral sin temores en cuanto a su seguridad. 

           Gestos simples pueden además constituir alientos importantes a la normalización de la vida en Haití. El Juego de la Paz, realizado el pasado mes de agosto, por iniciativa del Presidente Lula, entre las selecciones de Brasil y Haití, por ejemplo, demonstró que, pese a las dificultades los Haitianos no perdieron la capacidad de sueñar y la alegria de vivir.

           El progreso alcanzado en los últimos tres meses demostró también lo infundado de los análisis pesimistas sobre la capacidad de la MINUSTAH en materia de seguridad.

           Le debemos nuestro reconocimiento a la MINUSTAH por las pruebas que ha dado de su capacidad de reducir la violencia mientras cumplía con su mandato, de acuerdo con la Resolución 1542.

           Por peores que sean otras tragedias, las cuales seguimos atentamente, y que ameritan una respuesta urgente y coordinada de la comunidad internacional, no podemos permitirnos bajar el grado de prioridad que acordamos a Haití.

           Si consideramos la tasas de la mortalidad infantil, por ejemplo, no es exageración decir que Haití ha sufrido en los últimos dos siglos los efectos de un verdadero tsunami económico y social.  

           Debemos conyugar los proyectos de impacto inmediato, que devuelvan la esperanza a los pobres y desocupados, con la asistencia a las instituciones Haitíanas para el planeamiento de una estrategia de largo plazo. Estoy seguro de que el Consejo Económico y Social y su Grupo Consultivo Ad Hoc sobre Haití prestarán valiosa contribuición para estos objetivos.

              Hay que acelerar el pago de los fondos prometidos en la Conferencia Internacional de Donantes facilitando los trámites necesarios para la ejecución de proyectos. Vemos con satisfacción la liberación de recursos hecha por el Banco Mundial y por el FMI, abriendo las puertas para la retomada del flujo normal de los financiamientos internacionales. No podemos permitir que obstaculos burocráticos y dificultades de gestión sigan postergando los flujos de recursos. En el caso de Haití, la ayuda que demora es una ayuda que se pierde.

          Bajo las instrucciones del Presidente Lula, Brasil ha hecho todo lo que se encontraba a nuestro alcance para ayudar en ese proceso. El pasado 20 de diciembre firmé en Haití tres acuerdos de cooperación, dos de los cuales en mateira agrícola con recursos proprios. Concluí también con el Banco Mundial y el Gobierno de Haití un acuerdo de más de un millón de dólares para ofrecer comidas a 35 mil niños en escuelas. Tenemos entendido que ha sido ésta la primera vez en que el Banco Mundial firma un acuerdo con un país en desarrollo para apoyar a otro país del Sur. En la reciente Cumbre del Mercosur, en Ouro Preto, firmé con el Presidente Enrique Iglesias, del BID, Memorando de Entendimiento al abrigo del cual se desarrollarán proyectos de cooperación técnica, incluso para viabilizar la utilización de los fondos ya disponibles en el Banco.

           El uso indiscriminado de los recursos naturales en Haití ha generado graves consecuencias ecológicas. Una campaña nacional de reforestación debe formar parte de cualquier estrategia para el desarrollo sostenible de Haití.

           El destino de Haití es inseparable del destino de sus vecinos. El aislamiento regional de Haití no interesa a nadie. De nuestra parte, desde el principio de nuestra participación en la MINUSTAH, elegimos el diálogo con la CARICOM como una prioridad y enviamos varias misiones especiales a sus países miembros para buscar conocer mejor sus posiciones. El pasado mes de noviembre, tuve la oportunidad y el honor de reunirme con cuatro cancilleres y otros altos representantes de países caribeños durante mi visita a Barbados, bajo la coordinación de la Ministra Billie Miller. Hoy mismo viajaré a Trinidad y Tobago para dar seguimiento a las conversaciones con las autoridades locales.

           Quisiera decir que la terrible crisis por la que pasó Haití en 2004 nos ha acercado y enseñado muchas lecciones sobre nuestro propio pasado y presente.

           Cabe a los Haitíanos la responsabilidad de reinventar su futuro. La comunidad internacional no puede remplazarlos en esta tarea, pero sería irresponsable de nuestra parte no ofrecerles toda la asistencia posible.

          Los pueblos de América tenemos todos una gran deuda histórica con Haití. El mundo tiene el deber de apoyar a los Haitíanos a recuperar el control de su propia seguridad y de su futuro y su propria dignidad nacional.  Muchas gracias.