Open debate on "Women, Peace and Security"
Discurso pronunciado por el Ministro Martín García Moritán, 
Misión Permanente de Brasil ante las Naciones Unidas 
Consejo de Seguridad,
Nueva York, 28 de octubre de 2004

Señor Presidente,

Recibimos con satisfación la iniciativa de la presidencia británica de realizar un debate abierto sobre el tema del “Fortalecimiento de la respuesta de las Naciones Unidas a Violéncia Basada en Género en Situaciones de conflicto y Post-Conflicto”, en el cuarto aniversario de la Resolución 1325 (2000) sobre “Mujeres, Paz y Seguridad”, que ya demostró su importancia en las operaciones de mantenimiento de la paz, reconstrucción post-conflicto y prevención de conflictos. Nuestra tarea es la de perfeccionar ese instrumento para hacerlo más eficaz y universal.

Quisiera agradecer también a la Delegación de Benin por convocar una reunión bajo la fórmula Arría, el 21 de Octubre, para escuchar la contribuición de las organizaciones no
gubernamentales sobre el tema de las mujeres en conflictos armados.

Agradezco al Sub-Secretário-General Jean-Marie Guéhenno, a la Alta-Comisionada de Derechos Humanos Louise Arbour, a Agathe Rwankuba, del Réseau des Femmes pour la Défense des Droits et de la Paix, y a Thoraya Ahmed Obaid, Directora Ejecutiva del UNFPA, por sus presentaciones al Consejo de Seguridad sobre el tema. Recibimos también con satisfacción el informe (S/2004/814) de la Secretaría sobre la implementación de la
Resolución 1325 (2000) y sus importantes informaciones y sugerencias.

Señor Presidente,

La lucha de las mujeres por sus derechos es una cuestión de máxima importáncia para Brasil. Nuestra Constitución, reflejando la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
garantiza la plena igualdad entre hombres y mujeres y reconoce las necesidades especiales de las mujeres en ciertas circunstancias y el deber del Estado de darles las garantías
necesárias. Brasil también reconoce el papel de liderazgo que deben tener las mujeres en las situaciones de conflicto, de post-conflicto y de prevención de conflictos – como dispone la Plataforma de Acción de Beijing.

La Resolución 1325 (2000) y los esfuerzos para implementarla son esenciales para continuar el trabajo que se ha iniciado hace más de treinta años y prosigue en las Naciones Unidas,
en sus agéncias y programas y entre los Estados Miembros. Desde el 2000, mucho se ha hecho para tornar realidad los conceptos vertidos en aquella decisión del Consejo de
Seguridad, pero las dificuldades y obstáculos son también muchos.

Ante todo, debemos tener consciencia que la cuestión que se discute en el Consejo no puede limitarse a las mujeres solamente como víctimas vulnerables en los conflictos, sino también como actores en los procesos de paz, como agentes en la reconstrucción de la sociedad y como “peacekeepers”. Todas las dimensiones de esa cuestión son fundamentales y deben ser objeto de esfuerzos de la Organización.

Señor Presidente,

La proliferación de conflictos civiles en los últimos 15 años afectó particularmente la situación de las mujeres involucradas en esas disputas, confrontadas con fuerzas militares irregulares o no. Los crimines sexuales, el tráfico de mujeres y otras formas de violaciones de los derechos humanos se tornaron armas de guerra y se multiplicaron. Pero también un retroceso de la condición feminina caracterizó muchos de esos conflictos, los cuales crearon olas de violencia y violaciones de derechos no directamente relacionada a la lucha, pero si a la deterioración de la sociedad. Esas formas de violencia agravaron las guerras y las convierteron de más difícl
resolución.

La comunidad internacional debe utilizar todos los instrumentos disponibles, y elaborar otros nuevos, para combatir ese mal. Saludamos la condena constante y reiterada que hacen los órganos principales de las Naciones Unidas de esas prácticas contra la mujer, porque la divulgación de que existen es parte fundamental del intento de suprimirlas. Es también digno de mención el trabajo de mujeres y grupos de mujeres, por encima de divisiones étnicas y religiosas, contribuyendo para una paz duradera en muchas regiones convulsionadas. Brasil apoya la incorporación en legislaciones e instituciones nacionales – con la cooperación
internacional – de medidas específicas para penalizar crimines contra las mujeres y desea que el Tribunal Penal Internacional tenga un rol importante en la persecución criminal de los acusados de violaciones basadas en cuestiones de género.

La reconstrucción de un Estado de derecho no puede hacerse sin contemplar el impacto particular del conflicto sobre las mujeres y niñas. La Convención para la Eliminación de Todas
las Formas de Discriminación contra las Mujeres ya especifica las obligaciones de los Estados para garantizar la igualdad de géneros. Pero, eso no es suficiente. Hay que garantizar
la participación de las mujeres y de grupos de mujeres en la construcción del Estado. En ese área la comunidad internacional necesita hacer progresos. Pocas organizaciones de mujeres participan de negociaciones de paz o en ejercícios de desarme, perdiendose contribuciones fundamentales para el éxito de los procesos. Otra importante medida es asegurar que un número cresciente de mujeres se registren para votar y ser votadas, permitiendo que las mujeres estén presentes en posiciones-claves en la reconstrucción del Estado.

Señor Presidente,

Como he enfatizado, no es suficiente prevenir y reprimir las violaciones de los derechos de las mujeres. Es necesario trabajar también para que ellas asuman su rol de actores plenamente.

El informe de la Secretaría sugiere estratégias pertinentes cuya implementación todavía requiere de esfuerzos locales e internacionales, con perspectivas muy positivas para el
futuro. Son claras las ventajas de obtener la participación de mujeres y grupos de mujeres en la creación de mecanismos de “alerta temprano” para la prevención de conflictos a nivel
comunitário, pero esas iniciativas son todavía poco utilizadas. Otra importante posibilidad es trabajar para que las mujeres tengan un rol más destacado en la organización de comunidades de refugiados, en el combate contra epidemias, principalmente VIH/SIDA, y en la garantía de condiciones adecuadas de salud reproductiva.

Para que esas iniciativas puedan evolucionar positivamente, es necesario que la comunidad internacional no olvide los médios políticos y materiales de implementarlas. Las organizaciones internacionales y sus Estados Miembros deben superar las concepciones antiguas que no incorporaban medidas de “gender mainstreaming” en todos los procesos de prevención o solución de conflictos o de reconstrucción post-conflicto. Hay que garantizar también la existencia de fondos para la realización material de los proyectos – la comunidad de donantes no puede esperar la estabilidad total de regiones de conflicto antes de iniciar el financiamiento de programas.

Señor Presidente,

En el campo del mantenimiento de la paz se pueden encontrar algunos de los progresos más significativos sobre mujeres en conflictos armados. Saludamos en particular la inclusión de
las cuestiones de género en todos los mandatos recientes adoptados por el Consejo – UNOCI, en Côte d’Ivoire, UNMIL, en Libéria, MINUSTAH, en Haiti, y ONUB, en Burundi. También es notable la atención dada por el Consejo al tema, en el período desde la aprobación de la Resolución 1325 (2000). Hay que asegurar, en el futuro, que esa atención no sea perdida y sea institucionalizada.

Apesar del progreso, todavía no se logró el éxito deseado para incorporar un fuerte componente feminino a las operaciones de mantenimiento de la paz. Los números de la
Secretaría sobre mujeres en operaciones de paz – 1% del personal militar y 5% de los policiales – dejan claro la necesidad de una actuación constante y progresiva para
alcanzar una distribución adecuada.

Los esfuerzos en las misiones de paz deben ser completados por una coordinación estrecha de los órganos, programas y agencias de las Naciones Unidas en sus políticas para las
misiones de paz. Felicitamos el trabajo ya en curso de coordinación, comprendiendo sectores del DPKO, DPA, DPI, UNIFEM, CEDAW, entre otros. Quisiéramos llamar la atención
también a la importancia de garantizar una presencia adecuada de mujeres en posiciones relevantes en la Secretaría.

Brasil destaca particularmente la necesidad de una cooperación entre el Consejo de Seguridad y el ECOSOC (bajo el artículo 65 de la Carta), para vincular paz, seguridad,
reconstrucción y desarrollo. Ya existen casos exitosos de colaboración, como la que se hace con los Grupos Ad Hoc del ECOSOC para Guiné-Bissau y Burundi. Esas experiencias
deberían ser multiplicadas y profundizadas, teniendo en cuenta especificamente las cuestiones de género.

Señor Presidente,

Para concluir, estimo importante resaltar que las acciónes de promoción de la cuestión de las mujeres en conflictos armados deben ser coronadas por estratégias amplias e inclusivas de
divulgación de ese importante tema. Todos los órganos de las Naciones Unidas, las agéncias, los programas y los Estados Miembros tienen la responsabilidad de divulgar sus esfuerzos
de modo de resaltar los problemas, las posibles soluciones y recibir la necesaria colaboración.

Gracias Señor Presidente