Debate General sobre los aspectos civiles de la gestión de
conflictos y de la construcción de la paz
Discurso pronunciado por el Embajador Celso Amorim,
Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil
Consejo de Seguridad, Nueva York, 22 de Setiembro de 2004

Deseo felicitar a mi amigo Ministro de Relaciones Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, por promover este debate oportuno sobre los aspectos civiles de la gestión de
conflictos y de la construcción de la paz.

El Presidente Lula abrió el debate general de la Cincuentanovena Asamblea General con una amplia presentación de la percepción que tiene el Brasil de más urgentes retos del mundo de hoy. El punto central de esta visión es la noción de que el fundamento de la paz es la justicia social. Como dijo en sus palabras, “un mundo dónde el hambre y la pobreza prevalecen no puede ser un mundo pacífico”.

La experiencia reciente nos provee varios ejemplos de conflictos en países marcados por muy bajos niveles de desarrollo, que ilustran los límites de una perspectiva puramente o preponderantemente militar de la construcción de la paz. Sin un enfoque más amplio, que incorpore variables económicas y sociales - y que esté centrada en el bienestar de los civiles – fracasaremos en la promoción de soluciones duraderas.

Las Naciones Unidas deben desarrollar instrumentos y mecanismos que traduzcan esta conciencia en estrategias concretas. El artículo 65 de la Carta nos abre una ventana
para aumentar la cooperación entre el Consejo de Seguridad y el ECOSOC, por consecuencia ampliando el escopo de la cooperaciõn multilateral para la gestión de conflictos y la construcción de la paz. No olvidemos que el ECOSOC – y no el Consejo de Seguridad – es el órgano de la Carta con responsabilidad en asuntos relativos al desarrollo social. Y
de que más hablamos cuando nos referimos a los esfuerzos de construcción de la paz duradera – o reconstrucción – si no es de desarrollo social y económico ?

En el pasado, hemos intentado utilizar la base que proporciona este dispositivo de la Carta en situaciones como las del Burundi y Guiné-Bissau. Sin embargo, mientras estos esfuerzos demonstraron ser experimentos útiles, no representaron una respuesta suficientemente articulada frente a las demandas enfrentadas en muchas partes de África, del Oriente Medio, en Timor Leste, en la crónica violencia en Haiti, entre otras.

Brasil ha aceptado la responsabilidad de comandar las fuerzas de Estabilización del Haiti - con una fuerte participación de otros países latinoamericanos, incluso Chile - bajo el claro
entendimiento de que la paz de esta nación hermana pero marginada de nuestro continente requiere un compromiso de largo plazo de la comunidad internacional, no sólo para la
paz y seguridad, pero también para el progreso socioeconómico. La ONU ha fallado al pueblo de Haiti en el pasado al interpretar su papel de manera demasiado estricta.
Esta vez, en paralelo a los esfuerzos para asegurar un ambiente más seguro, tenemos que poner en marcha un programa sostenido para ayudar a la sociedad de Haiti en las esferas
política, social y económica. Son tareas que extrapolan al ámbito del Consejo de Seguridad. Requieren la participación de otras agencias y órganos.

Tenemos que extraer ventaja del presente ambiente favorable a reformas en la ONU para empezar a conceber nuevas maneras para enfrentar tales situaciones. Debemos asegurar la
continuidad entre acciones de prevención, esfuerzos de mantenimiento de la paz y la etapa pos-conflicto de construcción de la paz. Tenemos también que enfrentar la cuestión de duración y intensidad de esos esfuerzos. Por supuesto, hay que desplegar rapidamente todas las tropas requeridas por las resoluciones del Consejo de Seguridad. Estamos confrontados a esta necesidad en Haiti, en este exacto momento.

Pero es particularmente importante proporcionar todos los recursos humanos, financieros y materiales para la reconstrucción física y institucional. Apreciamos la generosidad de los países donantes y instituciones financieras internacionales, pero estas deben coordinarse con
los organismos multilaterales, cuya competencia primaria en definir el cuadro general debe ser reconocida.

No puedo dejar de expresar el apoyo enfático de Brasil a la intervención del Secretario General de ayer en la Asamblea General sobre la importancia fundamental del Estado de
Derecho. Entendemos que es necesario reafirmar la primacía del sistema en donde el derecho, y no el poder, como ordenador de la convivencia social, en el contexto doméstico
e internacional, y árbitro de nuestros destinos. Esta es una aspiración que tradicionalmente orienta nuestras líneas de actuación internacional.

Hablar de aspectos civiles del mantenimiento de la paz equivale a volcar la atención a la importancia fundamental de restablecer la dignidad humana, muchas veces la primera
víctima de situaciones de conflicto. Puedo bien imaginar que las discusiones hoy van a plantear algunas especificidades técnicas de los esfuerzos de mantenimiento de la paz y su
intersección con la agenda humanitaria, el papel de las organizaciones regionales y otros. Son todos aspectos relevantes y merecen nuestra consideración.

De mi parte, deseo hacer hincapié sobre la necesidad de desarrollar nuevas y mejores herramientas para enfrentar los problemas estructurales que están a la raíz de las tenciones
que conducen a la violencia y al conflicto. Pobreza, enfermedad, ausencia de oportunidades, desigualdad. Estas son algunas de las causas de conflictos, particularmente aquellos
en el interior de los países, que cada vez más, lamentablemente, son parte de nuestra agenda.

De acuerdo a las prácticas que prevalecen, una vez que los miembros del Consejo de Seguridad considera que determinado punto de la agenda no más representa una amenaza a la paz, la situación es puesta en un limbo, sin un seguimiento intergubernamental de los procesos de reconciliación y reconstrucción. Esta lacuna en nuestros métodos puede hacer
con que se reacienda el conflicto, como el trágico ejemplo de Haiti subraya.

Señor Presidente,

No importa cuanto sofisticado sean nuestras acciónes militares de mantenimiento de la paz, sólo saberemos enfrentar eficazemente los retos de seguridad que se presentan si integramos los elementos políticos, sociales y económicos en nuestras estrategias. Con ese fin, podemos extraer inspiración de la disposición del Artículo 65, redactada en 1945, y que nos recuerda la absoluta necesidad de enfrentar cuestiones de seguridad en su contexto
socioeconómico e incluso nos brinda orientación sobre como hacerlo, del punto de vista institucional.